Fallece el Padre Miguel Piqueras García

En la mañana de hoy, 6 de septiembre, hemos conocido la triste noticia del fallecimiento, a los 80 años, del Rvdo. D. Miguel Piqueras García, que fue vicario en las parroquias de Santa María Micaela y del Santísimo Corpus Christi, de Algeciras.

Su cuerpo se está velando en la Residencia Hogar San José de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de Algeciras (calle Santa Teresa Jornet s/n).

El funeral tendrá lugar mañana sábado 7 de septiembre a las 10.00 horas en la misma Residencia.

Nos unimos al dolor de su familia, rogando una oración por el eterno descanso de su alma.

 

Miguel Piqueras García, una clara referencia evangélica y una invitación permanente para que descubramos el rostro amable de Jesús

Por: José Antonio Hernández Guerrero

Aunque, gracias a la detallada información que me proporcionaba el padre José Carlos Muñoz, conocía el deterioro físico que sufría el padre Miguel Piqueras García, confieso que su fallecimiento me ha causado un sentimiento de pena compatible, como es natural, con la serenidad que me genera la convicción de que su profunda fe en las palabras de Jesús de Nazaret, su entrega al servicio de los hermanos y su permanente trabajo como profesor constituyen los avales para un justo descanso y para una recompensa eterna.

Miguel era un esforzado corredor de fondo que, tras un duro y disciplinado entrenamiento, y respetando todas las reglas de juego, ha luchado valerosamente para competir consigo mismo, poniendo a prueba las dotes intelectuales que lo acreditaban como un trabajador tenaz y como un profesor “servidor” de sus alumnos. A sus amigos, sus feligreses y los conciudadanos que hemos seguido con atención y con interés su dilatada biografía pastoral y profesional nos llamaba la atención la serenidad y la constancia con la que este sacerdote bueno seguía su senda vital, manteniendo siempre una invariable actitud de servicio, una paciente postura de escucha y una apacible entrega fraternal a sus hermanos, los sacerdotes.

El padre Miguel, sacerdote y profesor, era un creyente dotado de una singular capacidad contemplativa que le permitía descubrir los matices inadvertidos de los objetos sencillos y percibir los valores recónditos de las personas humildes. Su mirada atenta, respetuosa y emocionada, calaba sutilmente, sobre todo, en la armonía y en la grandeza de los gestos nobles, y limpiaba las formas de adherencias impuras para devolverles su verdad y su dignidad.

Sus actitudes y sus comportamientos durante los últimos años en el Asilo de Algeciras han constituido una clara referencia evangélica y una invitación permanente para que descubramos el rostro amable de Jesús en la oración, en la Eucaristía y, sobre todo, en los gestos doloridos de los desamparados. Hasta los últimos instantes de su vida, este hombre, que ha conservado un mirada limpia y una sonrisa acogedora -las dos armas imbatibles con la que siempre alentaba nuestra esperanza y estimulaba nuestras ganas de vivir- ha predicado silenciosamente el perdón, con su serenidad ha anunciado el mensaje de salvación, impartiendo la gracia y sembrado la paz en las conciencias.

Recuerdo en esto momentos la convicción con la que me repitió que la enseñanza de las lenguas griegas y latinas, además de un instrumento indispensable para mejorar nuestras destrezas expresivas y comunicativas, era una ventana indispensable para profundizar en los mensajes del Evangelio y, por lo tanto, una imprescindible herramienta para vivir nuestra fe. Le agradezco la insistencia con la que, en varias ocasiones, me explicó que Dios está en lo profundo, en lo oculto, en lo más íntimo del ser humano y que sólo cuando la quietud se hace sobre las aguas del lago podemos ver nuestro rostro en él. Sólo cuando todo queda en silencio, cuando el silencio nos seduce, Dios se hace evidente. Que descanse en paz

Comentarios cerrados.