Defensa del proyecto educativo cristiano

Luis Romera

La inspiración cristiana en el quehacer educativo

Madrid, Rialp, 2020

A las preguntas sobre las razones que abalan la creación y la defensa de los proyectos educativos cristianos, Luis Romera, teólogo y filósofo especialista en Metafísica, nos responde de una manera clara y profunda proporcionándonos los principios, los criterios y las pautas en los que debemos apoyar una correcta concepción de la educación en los diferentes niveles y en las distintas sociedades. Él parte de la definición de educación como una tarea que consiste, no sólo en trasmitir informaciones, sino en proponer modelos de vida humana, humanista y humanitaria que abarquen las diversas dimensiones personales, familiares, sociales y laborales. Esta concepción de la educación se apoya en la convicción de que las tareas de enseñanza se sustentan -se han de sustentar- sobre unos cimientos sólidos de principios teóricos y de valores éticos o, en resumen, sobre una base consistente de presupuestos claramente definidos sobre el ser humano, sobre el bienestar, el amor, el trabajo, la familia, la solidaridad o sobre la justicia. Estos valores, heredados de una cultura milenaria, están enraizados en el principio evangélico de la suprema dignidad de los seres humanos y en el reconocimiento del derecho y del deber de que cada uno seamos protagonistas de nuestra existencia y de la construcción de la sociedad. El autor nos advierte sobre los desafíos de la “posmodernidad”, del “tecnologismo” -no de la tecnología- o del “cientifismo” -no de la ciencia-, que, a veces, rechazan conceptos anteriores básicos como el de verdad o libertad, y  relegan la religión al ámbito privado.

En mi opinión sus análisis están corroborados por la historia de la pedagogía y por el análisis de los planes de estudios incluso de aquellos que lo niegan. Si examinamos con atención los diversos proyectos educativos de cualquier contenido disciplinar y de las diferentes materias profesionales llegamos a la conclusión de que todos ellos, implícita o explícitamente, están elaborados a partir de unos modelos del ser de la persona y de la sociedad. Nosotros afirmamos que es correcto afirmar que todas las ciencias son humanas en la medida en la que se proponen mejorar la vida de cada mujer y de cada hombre, y perfeccionar la convivencia de las diferentes sociedades. Como el autor afirma, la enseñanza “implica la totalidad de la persona. Por eso, cada vez se aprecia más la educación del carácter, de la sensibilidad social, de las capacidades de relación, de los ámbitos artísticos y deportivos, etc.”

Estamos de acuerdo en que el proyecto educativo cristiano ha de partir del conocimiento y de la comprensión de la identidad individual y colectiva de la comunidad educativa que, como es sabido, está integrada por las alumnas y alumnos, por los padres y por los profesores. En segundo lugar, “respetando escrupulosamente la libertad”, ha de prestar atención a la riqueza antropológica cultural y religiosa del cristianismo que interpreta la vida humana como un don, como un regalo cuyo Autor nos invita y nos compromete a comunicar los bienes recibidos generosamente y, sobre todo, a darnos nosotros mismos en las diferentes tareas concebidas como “servicios”.

Especialmente clarificadoras son, a mi juicio, sus explicaciones sobre proyectos de los colegios que asumen la enseñanza teniendo en cuenta el Mensaje Revelado, esa Palabra que ilumina y desvela la clave de la existencia o, dicho de otra manera, la Palabra de la fe, pronunciada por Dios y anunciada por la Iglesia. El autor aclara oportunamente que se trata de una fe pensada y vivida, una fe que supone una llamada y una respuesta para expresar y para vivir, de una manera más plenamente humana, la existencia y el bienestar personales y colectivos. Hemos de tener en cuenta que, si es cierto que este planteamiento se refiere a todas las disciplinas, se aplica de una manera especial a la asignatura de Religión que, como afirma textualmente el autor, “posee un calado extraordinario, tanto desde el punto de vista intelectual como vital”. Si aceptamos esta afirmación, hemos de estar de acuerdo con él cuando afirma que “El profesorado de Religión es la clave en un colegio, en la configuración de un proyecto educativo”, aunque, efectivamente, el humanismo cristiano no se agota exclusivamente en la enseñanza de la Religión.

José Antonio Hernández Guerrero

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