El Día de la Iglesia Diocesana nos sorprende este año con un lema en forma de pregunta: “¿y si lo que buscas está en tu interior?”, haciendo alusión a la propia vocación de cada uno dentro de la Iglesia y en medio del mundo. La vida de cada uno es infinitamente valiosa ante Dios, quien, confiando en nosotros, confiere a cada uno una misión. Hemos de ser conscientes de ello, pues de este modo podemos servir plenamente dentro de la comunidad y en medio del mundo, saciando así todo anhelo de entrega y experiencia de caridad, algo que nos hace útiles, además de muy felices. El Congreso sobre vocaciones organizado por la Conferencia Episcopal Española que se celebrará en Madrid del 7 al 9 de febrero de 2025 –“Iglesia, asamblea de llamados para la misión”—, quiere alentar precisamente el “vivir la vida como vocación” a través de propuestas y servicios concretos en las parroquias y en la comunidad.

La Iglesia, en efecto, es la respuesta amorosa de Dios a la gran pregunta del corazón humano que quiere entregarse: ¿quién soy y para qué estoy aquí?, el lugar donde todos y cada uno podemos dar una respuesta existencial, real y efectiva al sentido de la propia vida en el amor. Cada diócesis con su dinámica concreta, cada comunidad parroquial, cada porción del Pueblo de Dios que vive la fe, está llamada a suscitar y alentar la pregunta por la propia vocación. ¡Nadie está exento! ¡Nadie sobra para la gran misión de llevar el Evangelio en medio del mundo, en las múltiples formas que marca la vocación particular siguiendo la llamada amorosa y concreta que Dios hace a cada hombre y mujer en su corazón! La escucha atenta de la propia vocación y misión hace que el amor de Dios se difunda a través de sus sacerdotes, consagrados o matrimonios, a través de cada uno de nosotros.

Son millones de personas quienes, entregando su tiempo, suman al año en España más de 40 millones de horas para acompañar, cuidar, curar, proteger y rezar por los demás en casi 23 mil parroquias con aproximadamente 96.000 catequistas. Cuatro millones de personas han podido ser atendidas en centros asistenciales de la Iglesia, que siempre está en movimiento para ponerse al servicio de la misión que ha recibido del Señor. Hemos de mirar la propia vida con fe, sintiéndonos amados por Dios, que nos ha llamado a la vida, pero para vivir en ella una misión: ¡qué buena noticia saber que Dios cuenta con nosotros, descubrir esta realidad en el propio corazón! Cada bautizado es discípulo y misionero, llamado, “vocacionado”, de una forma particular, concreta, pero para llevar esta buena noticia a otros: “tu vida no sobra, tu vida tiene un sentido, tu vida es preciosa y está hecha para ser entregada”. ¡Cuántos alejados quedan por venir a esta gran “asamblea de llamados para la misión”, y encontrar el sentido de su vida.

Contribuyamos, pues, con todos los medios posibles materiales y económicos en esta campaña de la Iglesia Diocesana, pero no olvidemos preguntar al Señor: ¿qué quieres de mí?  Vivir la vida como vocación nos hará responder como discípulos de Jesús, abrir caminos nuevos, y ofrecer respuestas al corazón de cada hombre, siempre anhelante de verdad, de caridad, de realizar su vida con la satisfacción de entregarse con generosidad y autenticidad.

Mons. Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta

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