
En el Día Internacional de las Personas de Edad, este año los impulsores señalan que estamos en “la era de la longevidad” y nos invitan a “repensar los sistemas para una vida más larga”.
Desde la Pastoral del Adulto Mayor queremos dirigir nuestra reflexión hacia el mayor desafío: los valores y la arquitectura mental, ética y espiritual de las sociedades que estamos construyendo, el horizonte hacia el que nos encaminamos.
En este día, invitamos a ser conscientes del vuelco dado en la percepción y vivencia de la vejez, del rechazo e incluso el terror que existe hoy a envejecer. Es peligrosa la negación de la fragilidad y triste la manera en que se olvida al anciano. Esto es lo nuclear a repensar: la deshumanización galopante de la vejez, el empobrecimiento de las relaciones, el hambre y la sed de encuentro.
En este terreno hay un vacío clamoroso y una responsabilidad pendiente. Necesitamos una visión unitaria de la persona y de todas las edades de la vida, un cambio profundo en las relaciones y atender la dimensión espiritual y religiosa, clave de bóveda para todos, tanto para los que han construido su vida sobre ella, como para los que, entre la opción de la desesperación y la esperanza en Dios, quizás finalmente eligen esta última.
La longevidad no es mera acumulación de años y necesidades materiales, es una nueva conversación del alma. Afrontar la mayor esperanza de vida de nuestras sociedades requiere Esperanza. El Papa León en su visita a Francia ha advertido el peligro de su ausencia y la sequedad espiritual en la que muchos viven hoy. Todo está relacionado.
Queridos hermanos ancianos, hermanas ancianas, desde el Secretariado Diocesano de Personas Mayores, en este día en que la Iglesia celebra la santidad de Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia, os animamos a perseverar en el caminito de la confianza en Dios, al alcance de todos y donde todo se recibe como gracia suya. Perseverar o descubrirlo.
Os trasladamos toda la gratitud, el reconocimiento y el cariño que merecéis. Como nos recuerda el Papa León XIV, Dios no se olvida nunca de ninguno. ¡Feliz día!



