
Ayer Miércoles Santo, la Santa Iglesia Catedral de Cádiz acogió la solemne celebración de la Misa Crismal. La Eucaristía fue presidida por Mons. Ramón Valdivia, Administrador Apostólico de la diócesis, acompañado del clero diocesano, junto a la participación de diáconos, seminaristas, miembros de la vida consagrada y numerosos fieles.
Durante la celebración, se llevó a cabo la bendición de los santos óleos —el de los catecúmenos y el de los enfermos— así como la consagración del Santo Crisma, que serán utilizados a lo largo del año en la administración de los sacramentos, especialmente el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal.
Uno de los momentos más emotivos tuvo lugar cuando los sacerdotes presentes renovaron sus promesas sacerdotales, manifestando nuevamente su fidelidad a Cristo y su entrega al servicio del Pueblo de Dios.
En su homilía, Mons. Ramón Valdivia invitó a los presentes a entrar con profundidad en el misterio pascual, recordando que, al igual que los discípulos, “también nosotros peregrinamos hacia Jerusalén”, confiando en la acción del Espíritu Santo para vivir una auténtica conversión. Subrayó que la Misa Crismal celebra “el don de la unción del Espíritu Santo”, una gracia que transforma la materia sencilla del aceite en signo eficaz de la salvación de Dios.
El Administrador Apostólico destacó que la unción encuentra su sentido en el amor: “la sustancia de la unción divina fue el amor del Padre hacia el Hijo y la obediencia del Hijo hacia el Padre”, un amor que culmina en la entrega total de Cristo en la cruz.
Dirigiéndose especialmente a los sacerdotes, expresó la profundidad del momento de renovación de sus promesas, señalando que no se trata de un gesto formal, sino de “una verdadera historia de amor de Dios”, que se mantiene incluso en medio de las debilidades humanas. Asimismo, recordó que el sacerdocio sólo puede entenderse desde la gratitud y la amistad con Cristo: “¡No es cualquiera quien te llama a pertenecerle! ¡Es Dios!”.
Mons. Valdivia también quiso exhortar al pueblo de Dios a cuidar y sostener a sus sacerdotes, pidiendo que recen por ellos y los acompañen con cercanía y afecto. Finalmente, solicitó oraciones por su propio ministerio, para ser fiel al encargo recibido y servir con entrega a toda la diócesis.













