
La cuaresma es el tiempo litúrgico que prepara la Pascua. Siendo un tiempo “fuerte” del año litúrgico, sin embargo es un tiempo que no tiene sentido en sí mismo, sino en función de aquello que prepara.
El Delegado diocesano de Liturgia, el P. Ángel Luis Romero explica alguno de los ritos asociados a este tiempo litúrgico de la Cuaresma.
Tradicionalmente, se bendice y se impone, el Miércoles de ceniza que es el día en que, según los libros litúrgicos antiguos, comenzaba el Ayuno cuaresmal, «In capite Quadragesimae» (Al inicio de la Cuaresma). En los últimos años, la Santa Sede ha concedido el permiso para realizar dicho rito en otro día de la semana, por razones pastorales y por el bien de los fieles. Pero con una salvedad: que la imposición de la ceniza no se haga el Domingo, dado que el Domingo no tiene nunca en la Iglesia sentido penitencial y, en cambio, la imposición de la ceniza lo tiene claramente.
El uso de la ceniza se remonta en sus orígenes, esencialmente, a la Sagrada Escritura, donde ya en el Antiguo Testamento aparece como un gesto de reconocimiento del pecado y de humillación ante Dios. Es un rito que, como tantos otros de la liturgia cristiana, proviene del ambiente bíblico y de la tradición religiosa del pueblo judío. Es un deseo interior de conversión, que está en el corazón, y que se manifiesta en un signo externo. Como todos los actos que realizamos los humanos, no solamente a nivel religioso, sino también en otros sectores de nuestra vida, si al gesto externo no le corresponde un sentimiento interior, ¡también el de la ceniza, se convertiría en un rito completamente vacío!
Otra característica del tiempo de Cuaresma es la abstinencia, la cual se recomienda y se practica todos los viernes del año. La abstinencia significa, en concreto, abstenerse de comer carne y sus derivados. Durante la Cuaresma, esta norma no se puede cambiar ni sustituir por otra.
Con respecto al ayuno, los dos únicos días de ayuno, son el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo.
Por otra parte, podemos decir, que el objetivo y la tarea principal del cristiano, en el tiempo de Cuaresma, es la conversión: volverse a Dios de todo corazón, renunciar al pecado y ponerlo a Él en el centro y en el primer lugar de nuestra vida. Está claro que esto no puede vivirse sólo a nivel de «obligación» es una gracia, que tenemos que pedir al Señor, cada día, con confianza e insistencia.
En realidad, todos los días, corremos el peligro de pensar que nuestra vida depende de «nuestro pan» es decir, que la vida depende de lo que nosotros hacemos, de lo que nosotros ganamos y de lo que nosotros comemos. Esto realmente no es así, nuestra vida, antes que un fruto de nuestro esfuerzo, es un don de Dios, que precede a todo lo que nosotros podamos hacer. El ayuno privilegia el sentido espiritual del ser humano. Por otra parte, ayunamos para acordarnos de Cristo, para no olvidarnos que también Él ayunó por nosotros.



